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4 mayo, 2015 / RD

En busca de la viabilidad de la distribución modesta independiente

Interesante post de  Juan Herbera   en su blog Desde la Taquilla

Este artículo no es fruto de un largo y complejo trabajo de investigación. Es un ejercicio cuya finalidad es compartir una reflexión con vosotros, lectores que en muchos casos sois profesionales en activo del sector cinematográfico de este país. Tras casi tres años y medio sin faltar, al menos, a mis tres citas semanales con vosotros estoy seguro de que la mayoría aceptará este abuso de confianza y, en la medida de lo posible, me ayudará a despejar las dudas que de inmediato paso a transmitiros.

Empecé en esto del mundo del cine en la distribuidora regional que regentaban mi padre y mi tío allá por la década de los ochenta (sí, del siglo pasado; ¡cómo duele comprobar los años que han transcurrido!). Eran tiempos en que las empresas independientes debían afrontar el pago de cantidades fijas o mínimos garantizados para obtener los derechos de distribución para España. Si la película en cuestión tenía pretensiones comerciales, por modestas que estas fuesen, el escenario más habitual era el segundo. Eran años, también, en que el auge del vídeo estaba llamando a la puerta. Antes de su irrupción, dadas las características del mercado (multitud de distribuidoras nacionales, además de las filiales de las majors, consecuencia de los miles de cines que requerían de innumerables películas para cubrir su programación), en ocasiones un título se podía amortizar sin necesidad de que el estreno en las grandes ciudades fuese comercialmente bien. Diría que a veces ni hacía falta el estreno; con lo que se generaba con el alquiler de poblaciones medias y pequeñas era suficiente. Estoy hablando, como espero hayáis deducido, de empresas y películas modestas.

Con la llegada del vídeo, las salas entraron en crisis y la asistencia se desplomó. El negocio, por contra, encontró un nuevo gran aliado. Lo que generaba el vídeo compensaba sobradamente lo que se estaba perdiendo en venta de entradas. Vinieron años en que, junto a la proliferación de las multisalas y la recuperación del consumo de cine, las distribuidoras independientes sacaban muy buenos réditos de los derechos de vídeo y televisión. Gracias a ellos se podían arriesgar a firmar mínimos garantizados más elevados y asumir adelantos de copias y publicidad mucho más consistentes. Para muchos fueron los años dorados de la época contemporánea. Se hicieron también barbaridades, no hace falta insistir en ello; las consecuencias todavía hoy están muy presentes al repasar la realidad de algunos grandes nombres de la época.

Pasaron las vacas gordas y llegaron las flacas, esas que hoy tan bien conocemos. Hubo exceso de pantallas, abusos comerciales de uno y otro lado con el consumidor como víctima, descenso de la asistencia, irrupción de internet, desmadre en la piratería, hundimiento del negocio del vídeo, drástica reducción en las adquisiciones por parte de una cantidad de televisiones cuya audiencia estaba enormemente fraccionada en comparación con lo que sucedía unos años atrás…

Y aquí es donde os pido ayuda para acabar de entender qué está pasando. He oído por activa y por pasiva que el desplome del vídeo era insalvable para la distribución independiente. Y que si a esa realidad se le añadia que las televisiones en abierto dejaban de comprar derechos o pagaban cantidades muy inferiores a las que asumían tiempo atrás, el problema tomaba tintes dramáticos, más aún cuando la distribución legal por internet no aporta ingresos significativos (que si los portales más potentes sólo compran derechos a lasmajors, que la cantidad que corresponde al distribuidor es ínfima, que es muy poca la gente que compra legalmente…). Así las cosas, un afectadísimo mercado de explotación en salas no puede soportar, por sí solo, la amortización del coste del mínimo garantizado y de la inversión en copias y publicidad.

Parecería que ante una realidad así la crisis sectorial conllevaría la existencia de muchas menos empresas, menos compradores, en consecuencia, y precios más bajos en los mercados para un territorio en plena recesión. ¿Es esa la realidad? Yo sigo viendo muchas distribuidoras independientes y muchos títulos “modestos” que llegan a las salas semana tras semana. Si vídeo, televisión e internet no suman quiero imaginar que buena parte de esas películas se distribuyen con mínimos garantizados muy bajos o, directamente, sin ellos, pactando la comisión de distrbución y el coste de inversión en lanzamiento. E incluso, en muchos casos, renunciando a éste, que quedaría en manos del productor/vendedor.

Pero es que ante un escenario como el descrito, y vistas las cifras de taquilla de un título “menor”, ¿qué beneficio neto genera la explotación en salas si sólo se tiene derecho a la comisión de distribución? ¿Justifica mantener esa actividad de forma permanente y exclusiva? ¿O será que los ingresos provinientes de los derechos de televisión, a pesar de haber caído y de estar muy fragmentados, acaban suponiendo la tabla de salvación de muchas de esas películas?

Quiero entender qué está pasando. Sé que soy un ingenuo, un inocente y un soñador al pensar que las películas que llegan a las salas deberían poderse rentabilizar con su explotación en cines; que los números a que se enfrenta el distribuidor deberían hacerse partiendo de esa premisa y que los ingresos por explotación de vídeo, televisión e internet fuesen (si son tan bajos como se dice) el margen de beneficio adicional. De lo contrario tendré que pensar que muchas películas se estrenan sin que el resultado de la exhibición en cines sea determinante, con lo que tampoco importará mucho su promoción. Y entonces tendré que pensar que se está abusando del espectador y, en cierto modo, del exhibidor al que se le solicita sala para estrenar. Y tendré que deducir que los costes de adquisición de derechos no son tan altos en comparación con los ingresos generados por los canales de distribución alternativos al cine. Y entonces tendría que molestarme tanto victimismo sectorial. Pero no puede ser que las cosas sean, en realidad, así, ¿verdad? Ayuda para entender, por favor.

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